Fue un conocido icono de Hollywood, pero décadas después incluso sus verdaderos fans apenas pueden reconocerlo…

Kevin Kline se convirtió en uno de los protagonistas más respetados de Hollywood durante la década de 1980, conocido por su extraordinaria versatilidad, su impecable sentido de la comedia y su encanto discreto.

A diferencia de las estrellas que quedaron definidas por una imagen concreta, Kline construyó su carrera pasando con facilidad de la comedia al drama, el romance y el teatro.

Su gran éxito llegó con la película de 1982 Sophie’s Choice, donde su interpretación le valió una nominación al Premio de la Academia. Más tarde se hizo aún más conocido gracias a películas como A Fish Called Wanda, The Big Chill, Grand Canyon y French Kiss.

En el punto más alto de su carrera, Kline era conocido por su apariencia sofisticada y su carisma natural. Su capacidad para interpretar tanto personajes serios como cómicos lo convirtió en uno de los actores más singulares de su generación.

También alcanzó un enorme éxito en Broadway, ganando varios premios Tony y consolidándose como un destacado intérprete teatral junto a su carrera cinematográfica.

Más tarde, las generaciones más jóvenes reconocieron su voz en películas animadas como The Hunchback of Notre Dame y The Road to El Dorado.

A lo largo de las décadas, la apariencia de Kline evolucionó naturalmente. El protagonista de cabello oscuro que el público recuerda de sus películas más famosas se convirtió gradualmente en un veterano de Hollywood de cabello plateado y con un aspecto más distinguido.

Hoy, Kevin Kline luce notablemente diferente del actor que los fans descubrieron por primera vez en la década de 1980. Sin embargo, sus ojos expresivos, su sonrisa familiar y su presencia natural permanecen.

Después de décadas de interpretaciones memorables, continúa siendo reconocido como uno de los actores más talentosos y versátiles de Hollywood.