Se sentó nerviosa en la silla, con sus pequeñas manos agarrando los reposabrazos mientras el peluquero peinaba suavemente su cabello rizado de longitud media.
Siempre había amado sus rizos: enmarcaban perfectamente su rostro y rebotaban con cada paso que daba. Pero hoy no era un día que esperara con ilusión. Sus padres habían decidido que era hora de un corte más corto, pensando que sería más fácil de manejar.
En el momento en que las tijeras hicieron el primer corte, sus ojos se llenaron de lágrimas. Negó con la cabeza, susurrando que no quería su cabello corto.

Sin embargo, los mechones seguían cayendo al suelo, cada corte aligerando sus rizos y su expresión más desconsolada. No podía soportar mirar, cerrando los ojos con fuerza.
Cuando terminó, la niña miró el espejo con cautela. Lo que vio dejó a todos en la habitación sorprendidos. El estilo más corto no solo cambió su cabello, sino que transformó toda su apariencia.
Su rostro parecía más brillante, sus rizos ahora enmarcaban sus mejillas de una manera que resaltaba sus grandes ojos expresivos.
Aunque al principio había llorado, el resultado final fue algo realmente inesperado, dejándola incluso a ella sin palabras.
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